Las voluntades digitales

Las voluntades digitales

Las voluntades digitales

Entre las principales novedades del Reglamento Europeo de Protección de Datos (RGPD) se encuentra la regulación de los datos de las personas fallecidas por parte de sus familiares. Este hecho también se incluye en el Anteproyecto de la LOPD, concretamente en el Título I. Se habilita así una puerta para que los herederos pueden solicitar el acceso a los datos de las personas fallecidas, así como su rectificación o supresión, pero sujetos a las instrucciones del propio causante.

En el mismo sentido, la semana pasada se aprobó la Ley 10/2017, de 27 de junio, de las voluntades digitales y la modificación de los libros segundo y cuarto del Código civil catalán. En esta ley se regulan las voluntades digitales en caso de muerte, que no es otra cosa que la voluntad de una persona para que, después de su fallecimiento, la persona por él designada o sus herederos, actúe ante los prestadores de servicios digitales en las que tiene cuentas activas, siempre y cuando el fallecido no lo haya prohibido de forma expresa.

Cuando se trata de acceder a los datos de salud de personas fallecidas, ya encontramos regulación en la Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica (artículo 18.3).

¿Qué podemos pedir actualmente en las voluntades digitales?

Podemos simplemente comunicar el fallecimiento del causante o pedir que se ejecuten las políticas de los prestadores de servicios para los casos de fallecimiento de un usuario (por ejemplo, redes sociales como Facebook o Linkedin disponen de solicitudes especiales para eliminar la cuenta de una persona fallecida, así como también Microsoft, cuando lo que se solicita es el acceso al correo de Outlook). Sin embargo, también podemos solicitar que se haga entrega, a la persona designada, de una copia de los archivos digitales.

¿Cómo se pueden otorgar voluntades digitales?

Por medio de testamento, codicilios o memorias testamentales o mediante disposiciones de última voluntad inscritas en el Registro de voluntades digitales.

En la sociedad actual cada vez son menos personas las que no disponen de una cuenta abierta en el mundo de Internet.